La clave es siempre la música
El Teatro Pavón se complace en presentar un nuevo musical en la cartelera madrileña: Godspell: una nueva pasión. Sí, es nuevo en la capital, pero la idea viene desde Brodway, Nueva York, y fue un clásico del teatro musical en los años 70, concebido y dirigido por John-Michael Tebelak, con música y letra de Stephen Schwartz. De hecho, estuvo nominado a los premios Tony. En nuestro país ha estado en varias provincias, y desde el 2022 lo hemos podido ver en Málaga, en el Teatro Soho, donde ha supuesto un éxito de ventas indiscutible. Y si a eso le sumamos que Antonio Banderas dirige y produce esta versión que en su día hizo Emilio Aragón, ya tenemos el reclamo perfecto para ir a disfrutar a ritmo de música pop/rock durante 140 minutos (con descanso incluido). Y, ojo, que el teatro se llena (hasta la bandera).
Como ya intuimos en el título, el góspel es un género de música cristiana, y con un evidente juego de palabras, Godspell nos habla, en este caso, del Evangelio de San Mateo a partir de las vivencias de un grupo de jóvenes, aunque también habrá otros números musicales en torno a los Evangelios del Nuevo Testamento, todo ello repartido en dos actos.
Los actores Teresa Abarca, Javier Ariano, Alex Chavarri, Aaron Cobos, Paula Díaz, Ferran Fabá, Laia Prats, Roko, Estibalitz Ruiz, Hugo Ruiz, Ana Domínguez, Bella Exum, Paula Moncada, Raúl Ortiz y Alex Parra son todos extraordinarios. A ellos se les sumará un Jesús con un conjunto blanco y camiseta de Superman y un Judas con la cara pintada y chaqueta circense que nos harán pasar, a través de dieciséis musicales, por un espectáculo que conjuga vaudeville, magia, sombras, máscaras y títeres.
Pero volvamos a los actores, pues ellos son el motor de la obra. Pertenecen a una compañía de teatro, y se encuentran en un templo abandonado o una nave semiderruida, lo que cada uno considere. Se muestran preocupados porque fuera se está desatando el apocalipsis, hay persecuciones, disparos que se intuyen a través de la gran cristalera. Están asustados, no saben qué hacer, la gran estancia está iluminada por velas. De pronto, irrumpe un personaje hostil que resulta ser Judas con claroscuros, escéptico y creyente al mismo tiempo. Habla de alguien muy importante que vendrá, y ese es Jesús. Sí, Jesús llega, y se dedica a enseñar al elenco de actores quiénes somos a través de parábolas. Así que la función está llena de mensajes cristianos.
La puesta en escena es muy potente, se nota que Banderas se encuentra detrás, que hay un gran respaldo económico, ya que no le falta detalle, no solo a los actores, sino al decorado, a la música (por cierto, en directo), a la iluminación, al vestuario, a las coreografías… Se respira magia en el ambiente, positivismo, una gama de colores rayanos a la felicidad que alegran hasta al espectador más agnóstico.
Si hay algo que creo que podrían haber explotado más, es el tema del humor. En una obra de 140 minutos, solo hay cuatro o cinco momentos hilarantes que han tenido su reacción en el público, obviamente. Nos hemos reído. Es decir, al público te lo ganas aún más cuanto más le hagas reír, y tirar un poco más de ese recurso no hubiese estado mal.
Id a ver Godspell. El tema central del musical es ese viaje personal de no retorno, el amor, la aceptación, luchar contra las adversidades, contra la injusticia. Y, sobre todo, todo ese viaje es más bello hacerlo con alguien al lado que nos recuerde que siempre hay esperanza y que hay… una nueva pasión. Porque, al final, eso es lo que siempre queda cuando se ha defendido una lucha: la pasión. Y así lo atestigua el único elemento que queda sobre el escenario. Mientras los espectadores desalojamos el patio de butacas, descansa sobre una tela blanca la corona de espinas de Jesús, de ese Supermán moderno cargado de esperanza.
Este musical permanecerá en el Teatro Pavón de Madrid hasta el próximo 1 de marzo.
Escritora, correctora y maquetadora. Asimismo, bloguera de La boca del libro.




