Pantomima Full desarma la escena con su humor artesanal
Hay noches que se quedan grabadas con carcajadas en la memoria colectiva. Y una de esas ha tenido lugar en el histórico Teatro Capitol el pasado sábado 24 de enero de la mano del dúo cómico Pantomima Full, formado por Rober Bodegas y Alberto Casado, quienes han presentado su tercer y más reciente espectáculo en directo: Hecho a mano. Una producción que abarca lo mejor de su gracia costumbrista, incisiva y profundamente identificable. Tras más de una década de carrera desde sus primeros pasos como guionistas hasta convertirse en referentes del humor contemporáneo español, el popular tándem ha conseguido con esta obra condensar en escena su visión afilada de la vida cotidiana y sus absurdos más entrañables en una gira que recorrerá toda España.
Lo que empezó en 2016 como un canal de vídeos cortos de poco más de un minuto parodiando tipos de personas y estereotipos sociales, donde perfiles como “el canallita”, “el runner” o el “consultor” se volvieron virales en redes y chats familiares con el mensaje “eres literalmente tú”, seguido del susodicho al que estuvieran haciendo parodia con rótulos blancos donde se decía lo que nadie se atrevía a decir. Ese tipo de sketch, de menos de sesenta segundos, ahora ha logrado convertirse en su propio formato como una forma de hacer comedia única y la marca de identidad de su humor.
Desde que ambos se conocieron como guionistas y colaboradores en el programa de televisión Sé lo que hicisteis… hace casi veinte años, su trayectoria ha sido una mezcla de ingenio, trabajo duro y un sentido del humor que escucha antes de golpear. En escena, juegan con la ironía y lo cotidiano para revelar las pequeñas tragedias y vanidades que nos hacen humanos: la obsesión con las zapatillas de moda, los gurús del postureo en redes sociales, los jefes que presumen de un trabajo regalado mientras explotan a sus empleados, o las modas de autocuidado que esconden ego bajo miles de hashtags.
Como muchos espectadores, me senté en la butaca con la duda de, aunque los he visto en sus vídeos o en sus colaboraciones en La Resistencia y me he reído, si en un espectáculo en directo lograrían ser igual de entretenidos. Y me alegra profundamente decir sin ninguna duda que, a diferencia de lo que uno podría pensar, su espectáculo en directo no son los videos alargados, sino al revés. Los vídeos que los hicieron famosos son las destilaciones de sus shows.
Es en vivo donde sus diálogos, sus personajes y parodias pueden extenderse y profundizar. Si en los vídeos logras reírte un par de veces, es porque en directo te ríes con cada frase. Su humor, amable y que evita cualquier tema controversial, solo es una burla de nuestras personalidades, lo que somos y lo que aparentamos ser, se convierte en algo terapéutico. Un lugar a salvo y feliz donde la sonrisa no se te borra hasta llegar a casa.
Allí donde los espectáculos de humor industriales buscan fórmulas y saturación con extravagantes elementos audiovisuales, luces y sonido que pretendan justificar el hecho de ir al teatro en vez de a películas, Bodegas y Casado apuestan por lo artesanal: sketches hilados uno tras otro como piezas que retratan sin piedad la forma en que nos comportamos, aparentamos y nos contamos a nosotros mismos. Mantenido solo por talento y su humor, se siente su alma más artesanal y sincera que resuena con el público.
Lo magnético de Hecho a mano radica en que estos chistes son interpretados por dos personas que apenas cambian de vestuario, pero sí de personalidad. En ese momento las bromas se convierten en espejos. Frente a ellos, el espectador se ve a sí mismo, y ríe con esa mezcla de complicidad y pudor que solo el humor más certero puede lograr. Por momentos, la risa se vuelve un reconocimiento mutuo, un pacto tácito entre el escenario y las butacas.
Y es esa conexión la que convierte el espectáculo en algo más que una sucesión de chistes. Hecho a mano es una reflexión sobre nuestra propia forma de ser, contada con la sonrisa franca de quien reconoce las mismas imperfecciones en sí mismo. Es un retrato generacional y social que, lejos de abrumar, libera al espectador con la risa como herramienta terapéutica.
Al final de la función, uno sale del teatro con esa sensación rara y valiosa: haber asistido a algo que no solo ha sido divertido, sino también significativo en su sencillez. Porque en un mundo saturado de humor prefabricado, Pantomima Full nos recuerda que aún hay espacio para lo hecho a mano: para la risa que viene de verdad, de la observación y del acto de compartir una mirada honesta sobre nosotros mismos y nuestra vida contemporánea.
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