Crónica: Gastroescaperoom-Express Train

Impostora por un día

En los últimos años, la organización de actividades de team building se ha convertido en una de las mejores herramientas de las empresas para potenciar la comunicación y la diversión entre compañeros de trabajo. Entre estos planes para romper el hielo, crear vínculos y generar recuerdos épicos se encuentra el gastroscaperoom de Experiencity. Su Express Train ofrece una experiencia única para disfrutar en grupo, concretamente yo me he divertido con su propuesta de Impostores que rompe completamente jerarquías. Se trata de un juego inspirado en el mítico Pueblo Duerme y The Traitors cuya dinámica os acompañará durante días porque remueve por dentro más de lo que esperaréis. Este espacio se ubica en la Calle Vicente Espinel, número 12, a escasos minutos andando del metro Pueblo Nuevo.

Desde que atraviesas la puerta de entrada el espacio os envolverá. Se nota que no es un escape room al uso pues atravesamos un vagón de tren recreado con mimo, con luces cálidas, sonidos ambientales y una atmósfera que os hará sentir que embarcáis en un viaje donde nada es lo que parece.

Para esta original experiencia os recomiendo que acudáis un grupo grande pues mientras que algunos os mostraréis emocionados, con el corazón acelerado y la adrenalina por las nubes, otros se mostrarán con la curiosidad encendida, pero escépticos, y se escucharán algunas risas nerviosas. Este es el caldo de cultivo perfecto para iniciar un juego donde el misterio está servido.

El azar puro de abrir una caja me ha llevado a ejercer como una de las impostoras en esta partida que divide a los participantes entre leales y traidores. Lo cierto es que tras recibir este rol he sentido un pequeño vuelco en el estómago por asumir la misión de pasar desapercibida, de eliminar a los compañeros sin que sospechen de mí, de fingir inocencia mientras aprovecho para sembrar algunas dudas. Porque aquí cada cual puede seguir la estrategia que considere, pero yo siempre me delato cuando intento ocultar algo así que no me ha quedado más remedio que realizar acusaciones infundadas y desviar la mirada hacia otro foco de atención.

Para acercaros más a la dinámica del juego, en la primera fase hay un cónclave secreto en el que los impostores nos reunimos en un pequeño espacio apartado para elegir a nuestra primera víctima mientras los demás jugadores mantienen sus ojos tapados con un antifaz. Se trata de un instante casi cinematográfico porque, por primera vez, descubres qué otros participantes son también traidores y las miradas cómplices junto a las sonrisas tensas inundan la habitación. Para asumir en vuestra totalidad el rol que os ha tocado, aconsejo que dejéis vuestros teléfonos móviles en un cofre, situado a la entrada de la sala, porque son tres horas de juego muy intensas que se disfrutan mucho más si os concentráis en esa sensación tan prohibida de estar conspirando en un rincón oscuro.

Tras elegir a la primera víctima, cada jugador regresa a su sitio como si nada hubiera pasado para iniciar las siguientes fases de deliberación y votaciones. Aquí es cuando el juego realmente se disfruta en su esplendor porque se van forjando alianzas invisibles y sospechas infundadas. De hecho, mi recomendación es que observéis y escuchéis a cada participante con atención porque, posiblemente, la persona que tenéis al lado o la que se ha sentado enfrente os está mintiendo a la cara con una amplia sonrisa. Bajo mi propia experiencia, he sentido que los compañeros podían leerme el alma así que, si también os ocurre, recordad exagerar vuestra confusión cuando os pregunten por acciones clave. Os prometo que, si por vuestra amnesia improvisada eliminan a otro jugador, sentiréis una mezcla explosiva de alivio y culpa.

El juego se extiende por tres horas que os aseguro se pasan volando porque a los estímulos ya presentes en el ambiente, como luces bajas, objetos sorprendentes y un grandioso maestro de ceremonias que os guiará la partida con una mezcla de humor y tensión dramática, hay que añadir una icónica prueba musical para conseguir ventajas y, por supuesto, la fase de descanso en la que hemos aprovechado para comer. Nos han servido platos de jamón ibérico, ensalada de burrata, carpaccio de buey, ensaladilla, hummus con sticks de zanahoria, bolitas de pollo con salsa sweet chili, brochetas de pollo teriyaki, patatas ranchera y nachos con queso, guacamole, frijoles y pico de gallo

Os avanzo que, a medida que pasen las fases, la tensión aumenta porque los leales empiezan a hilar teorías más sólidas, aunque afortunadamente siempre hay gente que cambia de opinión en segundos explorando esa intuición e improvisación que normalmente están dormidas. De cualquier modo, que nadie se preocupe porque cuando alguien es eliminado no desaparece del todo ya que se convierte en fantasma pudiendo elegir entre voz o voto. Un detalle que añade una capa extra de caos porque estas personas pueden influir en las decisiones del resto de leales activos.

Adelanto igualmente que llegaréis a la fase final con el corazón en la garganta y con pocos jugadores en pie. En mi caso, intentando no delatarme con un gesto, una palabra o un parpadeo fuera de lugar hasta que finalmente se revela la verdad y las caras de los compañeros se convierten en un poema.

Este plan es tan original que cuando termina el juego os quedaréis un rato tomando un rico postre y comentando cada detalle: quién sospechó de quién, en qué momento se torció todo, qué estrategias funcionaron y cuáles no. Durante este ambiente de euforia colectiva os daréis cuenta de que habéis compartido algo único que os ha obligado a confiar y desconfiar, viendo a las personas que os rodean habitualmente desde un ángulo completamente nuevo.

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