Kilómetros que merecen la pena
El verano pide mar y decantarse por el de la Costa Brava tiene algo de ritual. Aquí parece distinto. Más azul y más vivo. Quizás sea la luz o por el viento que sopla desde el norte. Para alguien como yo que ha viajado desde Madrid reconozco que son muchas horas de coche, pero vale la conducción. Mi intención ha sido recorrer algunos de los rincones más emblemáticos del Alt Empordà y el Baix Empordà así que, para ello, me he alojado en el Camping Castelló Mar que, además de parecerme el punto perfecto para moverme por toda la zona, me ha resultado una opción muy completa. Un punto en el mapa que permite cambiar de paisaje en cuestión de minutos, desde canales que parecen sacados de otro país hasta pueblos medievales que conservan su magia intacta. Aquí cada día empieza distinto, siempre hay algo nuevo por descubrir.
Si venís al Camping Castelló Mar lo primero que os recomiendo es que descarguéis la aplicación de Natura village para tener acceso a todos los horarios de la animación. Y es que aquí hay entretenimiento para niños, pero también para adultos: aquagym, petanca, ping pong… ¡y un montón de shows nocturnos! Cada noche de verano a partir de las 21:30 horas el escenario principal se llena de vida con música y magia en directo para toda la familia
Por compartiros más detalles de mi estancia en el camping, yo me he alojado en una Mobile Home que guarda la esencia de la típica estancia al aire libre, pero adaptado a las comodidades contemporáneas. En este sentido no he echado nada en falta. Si acaso que se me olvidaron las toallas de baño, pero en la recepción me las he podido comprar. Y es que este camping donde los perros pueden disfrutar casi más que los humanos (es completamente pet friendly), tiene de todo ¡hasta un restaurante y un supermercado en el propio recinto! Aunque lo mejor de todo es que cuenta con acceso directo a la playa.
Empuriabrava, la venecia catalana, es el destino perfecto para el primer día. Se ubica a pocos minutos del camping y es un lugar que sorprende por sus canales de agua. Sin duda, es un escenario curioso donde las casas tienen embarcadero en vez de garaje. A pocos minutos de aquí se localiza Castelló d’Empúries. En cuanto dejéis atrás el Ecomuseo-Harinera y paseéis por sus calles empedradas retrocederéis siglos de historia y os embriagaréis de su esencia medieval. Especialmente cuando descubráis la imponente basílica de Santa María. Se trata de una iglesia gótica que domina el centro histórico.

El siguiente destino que no os podéis perder es Rosas cuyo encanto principal radica en que combina playa con un toque de historia. Su paseo marítimo es largo, luminoso y perfecto para caminar, aunque personalmente lo que me ha atrapado ha sido la Ciudadela de Rosas. Se trata de un recinto arqueológico donde conviven restos griegos y romanos. El museo en cuestión se divide en varios ámbitos diferenciados. Por un lado, en el vestíbulo central donde se adquieren las entradas hay una tienda muy pequeña, pero con artículos muy llamativos y, por otro lado, se ubica una sala con una gran variedad de objetos de la vida diaria en la antigüedad. Ahora bien, la joya de la corona es el exterior que incluye restos de edificaciones romanas, además de cimientos y fortificaciones griegas muy sorprendentes.

Cuando creáis que la Costa Brava no os puede sorprender más llega Cadaqués para romperos todos los esquemas. Para descubrir este pueblo que parece pintado a mano hay que madrugar mucho y cuando digo mucho me refiero a que en verano a las nueve de la mañana ya hay caravana de coches en su serpenteante carretera de acceso y, en un abrir y cerrar de ojos, los parkings se completan. Es el efecto que ha tenido TikTok con muchos influencers recomendando este bohemio lugar que, con razón, Salvador Dalí convirtió en su inspiración.
Donde también hay gente a borbotones durante esta época estival es en Palafrugell pues aquí la vida se mueve al ritmo de los mercados y las plazas donde, por cierto, podéis aprovechar para acercaros a una pastelería y probar un xuixo. Es un bollo cilíndrico de masa hojaldrada cubierto de azúcar y relleno de crema pastelera. ¡Riquísimo!
Si queréis que vuestra maleta se mantenga cargada de recuerdos, también os emplazo a visitar Peralada que es mucho más pequeño, pero lleno de encanto. De aquí no os podéis marchar sin tomaros una fotografía en su castillo, rodeado de jardines y con un lago donde se reflejan las torres del mismo. Lo más curioso es que dentro se encuentra un casino. No he comentado hasta ahora que moverse en coche es la mejor opción porque os permite llegar a calas, pueblos y miradores sin depender de horarios como me ha ocurrido con mi temprana llegada a Peratallada. Su atractivo radica en sus calles empedradas y sus casas de piedra cubiertas de enredaderas. Todo forma un conjunto que parece sacado de un cuento, es precioso, de verdad. Me quedo además con sus tiendas artesanales como la magdalenería Cal Tuset que cuenta con una amplia variedad de sabores ¡y todas muy consistentes y esponjosas!

Al igual que Peratallada recomiendo Pals, que se parece a Patones de Arriba en la estética medieval y en el encanto de pueblo de piedra. Pasear por sus calles es como caminar por un museo al aire libre. Y es que, en general, la Costa Brava tiene algo que no se explica.
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