Crítica: obra “Por mis muertos”

La comedia negra en la que morirás de risa… ¡desde el más allá!

Empieza la sesión de espiritismo en el Teatro Lara, ¿estáis en el número de silla correspondiente? Si alguien desaparece o si os tocan una pierna, no os asustéis, forma parte de Por mis muertos, la comedia más terrorífica del verano, dirigida por José Warletta, de la mano de Zarpa Producciones. Y como buena investigadora de lo paranormal que soy, tenía que comprobar si en el teatro hay fantasmas, con lo que no contaba era con que trabajaría de figurante, y no precisamente en el mundo de los vivos. La función dura 90 minutos, así que 90 minutos estaréis trabajando como espíritus. Eso sí, el esfuerzo será mínimo, porque solo deberéis permanecer sentados en la butaca y hacer de presencia fantasmal cuando se requiera. Solo tened una premisa en mente: esto no es un musical, aquí nadie ha venido a cantar. 

Los únicos vivos en toda la Sala Cándido son un grupo variopinto de cuatro personas que llegan a un salón de los años 20 (imaginaos el decorado tan cuco, de la mano de Asier Sancho Senosiain) para acudir a una sesión de espiritismo que ha organizado madame Jacim de Lacroix, en compañía con el más allá. Los cuatro están allí por algo, y lo que promete ser una velada solemne, pronto se trastoca, y los dardos, las mentiras, los secretos familiares y los reproches vuelan como velas fantasmales.

Esta comedia negra y de misterio, de enredos dignos de una ópera bufa (pero sin cantar, por favor), aborda las sesiones de espiritismo que se hicieron tan famosas en el siglo XIX. Un grupo de personas alrededor de una mesa, con una tabla de ouija para invocar a los espíritus de la casa, y en el medio una gran bola de cristal. ¿A que os suena? Ruidos, luces, objetos que levitan y mucha tontería encima encierran esta historia con un elenco de ultratumba (entendiéndose esto como algo positivo, gracias): Miguel de Miguel (la médium que dirige la sesión, con acento francés, entre otros, claro, y que sustenta toda la obra; has estado de muerte, querida), Eva Rodríguez (de riguroso luto y con lujurias internas), David Tortosa (el periodista que dará el campanazo), Cristina Irala (he tenido el honor de verte en otros papeles y el cambio de registro es espectacular, al igual que su vis cómica) y Julio Bellido (un mayordomo que esconde secretos que él mismo desconoce).

Y no penséis que los malos son los espectros. Pronto descubriremos que los vivos están mucho más alterados que los muertos, y sobre todo si solo vienen a liarla. A la sesión de espiritismo acuden la señorita Muselina Sincler, una actriz y cantante de Estados Unidos experta en geografía y con narcolepsia; el Sr. Norton, un refutado periodista del London Journal, que quiere tumbar el chiringuito de la médium y la marquesa viuda, con Andrew, su mayordomo, amante de los musicales. Todo ello presidido por madame Jacim de Lacroix, que ha hecho cursos de médium y de manicura de fantasía. ¿Son personajes cliché? Sí, pero la maestría de Warletta es que la obra funciona, se adapta al humor oportuno, a los momentos surrealistas, con situaciones del vodevil, de una manera espectacular y espectral. No reinventa, estamos de acuerdo, pero conduce Por mis muertos hacia un engranaje perfecto de elementos conocidos que siempre han gustado y de sorpresas por descubrir que, honestamente, me han hecho reír desde el prime golpe de gong.

Y es que… ¡menudo reparto de lujo! Ellos hacen que la obra funcione, la estructura argumentativa fluye de manera natural (y sobrenatural), a una velocidad acelerada entre parodia, con unos personajes delirantes y un guion que hace que todo se compenetre, con giros incluidos, claro. ¡Si es que es imposible aburrirse!

Jorge Warletta es ampliamente reconocido por dirigir otros éxitos como Santas y perversas (amé esta obra hasta las últimas consecuencias, todavía conservo la estampita), Última planta o Los tacones de papá. Sus obras se han estrenado en más de siete países. Id a verla, está hasta el día 25 de diciembre (luego quizá se vayan a una mansión encantada), y veréis cuántas entidades del más allá son capaces de hablar a través del cuerpo de madame Jacim de Lacroix. ¡Oh, là, là!

NOTA: Ningún fantasma ha sido maltratado durante la representación.

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